jueves, 31 de enero de 2008

Para una mosca...


“Para una mosca que ha caído en tinta el universo es una mosca que ha caído en tinta, pero para el universo, la mosca es la ausencia de universo, una pequeña cavidad sorda al universo y por la cual el universo se vacía de sí mismo. ¿Será la mosca para Dios lo que para una voluptuosa es el cosquilleo del agujero del trasero? ¿Quién le oculta lo que ella es? ¿La deja abierta y desfalleciente?” (Bataille, extracto de “La ausencia de Dios” en Meditaciones nietzscheanas. Comp. Pablo Sigg)

Apenas hace poco alguien me comento acerca de esta frase que ahora me tiene insomne, en su momento al escuchar el relato de la mosca y lo que el universo es para la mosca y lo que la mosca es para el universo, tuve unas nauseas inmediatas, pero ahora ese mismo vacío en el cual el universo deja de ser absoluto se me ha impregnado, impregnado como un intenso olor a orines que va desde mis piernas hasta mi nariz y por más que trato de olvidarlo él no me olvida a mí. Bastante atinado si el caso se tratase de Dios, ya que Dios no olvida, sólo basta preguntarle a Nietzsche, Dios nunca lo olvidó incluso cuando Nietzsche lo asesinó.

Una pintura y la culpa a regañadientes por no haber asistido a una exposición de pintura donde alguien que fue me describió dicha pintura la cual se intitulaba “la mosca” y la imagen que se apreciaba era de Nietzsche sentado y junto a él una mosca, vaya que esto es una gran coincidencia. Si para esa mosca de la pintura ella puede no ser justo por estar como lo imagino junto a Nietzsche (aunque podría estar en cualquier sitio de la pintura) y Nietzsche para él en un lugar que no puedo describir por que vaciado el universo y ya no habiendo Dios al cual preguntarle ¿qué es la mosca para él?, Nietzsche roza el lugar del que creo es el lugar más inefable. Así el cosquilleo en el culo del que habla Bataille se convirtió en ese impregnante olor a orines que recorre toda mi piel.

Ya no más mosca en su tinta, ya no más ocultamiento, zanjado el universo ya no…

Posiblemente Nietzsche inauguró una nueva forma de meditación teológica, una nueva forma de meditación onto-teológica. Heidegger hablaba de una posibilidad onto-teológica de la filosofía. Sin embargo desde Nietzsche, esta posibilidad es algo muy peculiar porque surge desde la negación, o quizá para ser más preciso desde la denegación.

Quizá no sea tan descabellada la idea de Karen Armstrong:

“Yet my study of the history of religion has revealed that human beings are spiritual animals. Indeed ,there is a case for arguing that Homo sapiens is also Homo religious.”

La mano contundente de la autora, guiada por su fuerte brazo ,nos permite pensar que ese “also” ,permite un desplazamiento de la racionalidad a la religión. Cosa además paradójica ya que la ciencia denominó al hombre como Homo sapiens. Continuará…12/02/07

sábado, 5 de enero de 2008

No es tan fácil...

Dice Guy Le Gauyfey, "es imposible contar tranquilamente hasta dos", dando pauta a un poema de alguien llamado Philip Larkin:
Thinking in terms of one
Is easily done
One room, one bed, one chair
One person there,
Makes perfect sense; one set
Of wishes can be met
One coffin filled
But counting up to two
Is harder to do
For one must be denied
Before it´s tried
Como Lacan lo denuncia y Le Gaufey lo reitera, se trata de una cuestión problemática en especial cuando apunta a establecer la "diferencia" de los géneros en una diferencia sexual. Los poetas no se han equivocado, ellos son sesibles a este problema.
Que grato fue para mí encontrarme con un poema de García Lorca, donde se denuncia la misma problemática del número dos.
PEQUEÑO POEMA INFINITO
Equivocar el camino es llegar a la nieve y llegar a la nieve es pacer durante veinte siglos las hierbas de los cementerios.

Equivocar el camino es llegar a la mujer, la mujer que no teme la luz, la mujer que no teme a los gallos y los gallos que no saben cantar sobre la nieve.

Pero si la nieve se equivoca de corazón puede llegar el viento Austro y como el aire no hace caso de los gemidos tendremos que pacer otra vez las hierbas de los cementerios.

Yo vi dos dolorosas espigas de cera que enterraban un paisaje de volcanes y vi dos niños locos que empujaban llorando las pupilas de un asesino.

Pero el dos no ha sido nunca un número porque es una angustia y su sombra, porque es la guitarra donde el amor se desespera, porque es la demostración de otro infinito que no es suyo y es las murallas del muerto y el castigo de la nueva resurrección sin finales. Los muertos odian el número dos, pero el número dos adormece a las mujeres y como la mujer teme la luz la luz tiembla delante de los gallos y los gallos sólo saben volar sobre la nieve tendremos que pacer sin descanso las hierbas de los cementerios.
Federico García Lorca (New York, 10 de Enero de 1930)