después de la tormenta viene la calma, se dice en ocasiones, no sé si tener miedo ante eso o ¿qué hacer? en especial cuando Jean Allouch dice que soy la tormenta, huy huy huy, en especial porque durante el seminario trate de estar en calma, jajaja. fueron tres días mágicos, no puedos describirlos de otra manera, algo pasó, algo que me dejo perplejo (un poco apendejado), espeoro (palabra que escribí como lapsus pero que la voy a conservar), entonces, espeoro que se hayan abiero algunas puertas, para trabajar en algunos asuntos, para publicar y seguir bajo la tormenta, si es así, lo tormentoso tiene un sabor diferente, no importa que me situe en el masoquismo, ¿qué no lo hace?
ahora suspiro, no sé si vuelva a ver a Jean Allouch, estoy sorprendido de que él haya insistido en que mi artículo es una respuesta, no la respuesta, pero si una respuesta a su propuesta del Spychanalyse. no hay que jugar con los títulos de la Duras pero, ¿qué diablos? entonces, Destruir (él) dice... así lo dijo él, lo puedo destruir fácilmente, claro que puede no hay duda de eso, pero también no hay duda de que no puede ni tocarlo, jajaja, justamente hay una parte de mi artículo que sitúa a Jean Alluch como intocable, como envuleto en un yelmo caballeresco, curiosamente la respuesta de él, al contrario de contradecir con la destrucción de mí artículo, lo afirmaría: él es intocable, por eso prudentemente no contesta, él, Jean.
envueltos en un no sé que pasa, se llevó a cabo el baile de los incoherentes, manifiestamente, pleno, se pavoneaban, ah! que pavoneo: yo creo que..., no, yo creo que..., lo que él cree es...
y así enamorados, enmascarados continuaron hasta el amanecer
cuando platiqué con Jean sobre mi artículo, sentí que estaba platicando con el mar, con ese tumbo inmarsesible como lo llama Gorostiza, con esa fuerza, agitado, imparable, impacible. ¿cómo pelear contra el mar, contra la-mar, si allí está el amor?