miércoles, 24 de febrero de 2010

Matices en Sófocles...


Sobre deina, verso 332 de Antígona exclamado por el coro:

Muchas cosas son temibles; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo temible.

Muchas cosas son respetadas; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo respetado.

Muchas cosas son reverenciadas; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo reverenciado.

Muchas cosas son veneradas; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo venerado.

Muchas cosas son tremendas; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo tremendo.

Muchas cosas son espantosas; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo espantoso.

Muchas cosas son formidables; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo formidable.

Muchas cosas son terribles; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo terrible.

Muchas cosas son malas; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo malo.

Muchas cosas son funestas; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo funesto.

Muchas cosas son indignantes; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo indignante.

Muchas cosas son peligrosas; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo peligroso.

Muchas cosas son fuertes; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo fuerte.

Muchas cosas son violentas; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo violento.

Muchas cosas son deseadas; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo deseado.

Muchas cosas son maravillosas; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo maravilloso.

Muchas cosas son raras; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo raro.

Muchas cosas son admirables; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo admirable.

Muchas cosas son extrañas; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo extraño.

Muchas cosas son hábiles; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo hábil.

Muchas cosas son pavorosas; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo pavoroso.

Muchas cosas son inhóspitas; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo inhóspito.

Muchas cosas son infamiliares; nada, sin embargo sobrepasa al hombre en lo infamiliar.


lunes, 22 de febrero de 2010

Paisaje depués de la batalla.











[Reproduzco un breve artículo escrito por Theodoros Terzopoulos, aparecido en la Revista española Primer Acto, Cuadernos de investigación teatral. Año 2004, Num. 305. Sobre "Epigoni" de Esquilo en Madrid Sur, pp. 154-155.]


La veterana compañía Attis Teatro, de Atenas, regresa a Madrid con una síntesis dramática basada en fragmentos de Epígono y otras tragedias perdidas de Esquilo. Su director, Theodoros Terzopoulos, escribe sobre este trabajo del grupo, que emplea el cuerpo y la voz para una exploración actual del teatro antiguo.

La representación teatral de los fragmentos recientemente descubiertos de varias tragedias de Esquilo no ha sido un empeño sencillo. Los textos hallados nos ayudan a completar y entender mejor el trabajo del mayor autor trágico de todos los tiempos. Los elementos dionisíacos y satíricos, pero también psicográficos, que ya están presentes en las siete tragedias conocidas del poeta, son todavía más patentes en los fragmentos ahora descubiertos.
Nuestro intento suponía, de entrada, salvar dos peligros. Por un lado, había que evitar toda oscuridad filológica y, por otro, había que responder a las exigencias de una representación teatral a partir de un material que, en principio, no era suficiente para ello.
Tras meses de trabajo, conseguimos organizar el material en cinco escenas, manteniendo la independencia de los textos. Los personajes poseídos por los dioses, se rinden a su destino trágico delante del público, a la vez que increpan llenos de ira a esos mismos dioses. Cada uno de estos personajes está definido por una característica esencial: la furia de Hércules, el dolor de Europa, la herida de Filoctetes, el heroismo de Prometeo, el delirio de Ayax y la aflicción de Aquiles.

Los textos ahora descubiertos pertenecen a fragmentos de distintas tragedias perdidas: Ayax, Las Bacantes, Salaminii, Dictiulkoi, Eleusinii, Psychostasia. La clave para ordenar ritual y teatralmente este material, respetando, además, la unidad de los textos, ha sido situar las acciones en medio de la desolación de una tierra después de una batalla, recreando, como en una pesadilla, el mundo de nuestros días con todos sus desastres y guerras. Sobre ese escenario, percibiremos, en toda su dimensión, la confrontación entre la tradición mítica y los valores del humanismo contemporáneo. Y será de este conflicto, de donde nazca la esperanza de otro mundo, para el que la agonía de sus personajes habrá sido parte del camino.

La gran capacidad épica, plástica y expresiva de Esquilo han hecho el resto. Los textos ahora revelados han vuelto a sobrecogerme. Algunas de sus líneas tienen por sí mismas la dinámica y la energía de una escena completa. Incluso se pueden adivinar como debieron ser los coros. Hasta las palabras parecen reclamar su valor teatral y remitirnos a los conflictos esenciales.

También queda demostrado el conocimiento que Esquilo tenía de la psicología humana. Esquilo nos habla de los actos humanos, pasando de lo cotidiano a lo más profundo. Así crea los mitos y consigue que sean, a la vez, tan personales y tan universales.
Los seres humanos creemos actuar de acuerdo con nuestra naturaleza, que todo lo que hacemos es normal. Pero detrás de nosotros, hay poderes oscuros que nos controlan y nos fuerzan a comportarnos según sus propias normas. Los humanos pensamos que nuestros actos son fruto de nuestras decisiones, pero las verdaderas decisiones están determinadas por poderes que escapan a nuestro control y, me atrevería a decir, incluso a nuestro conocimiento.
Theodoros Terzopoulos








jueves, 11 de febrero de 2010

"El Espíritu Santo es la entrada del significante en el mundo. Esto es sin luga a dudas lo que Freud aportó bajo el término de instinto de muerte". Lacan 1956.

Décima muerte.

A Ricardo de Alcázar

I

¡Qué prueba de la existencia
habrá mayor que la suerte
de estar viviendo sin verte
y muriendo en tu presencia!
Esta lúcida conciencia
de amar a lo nunca visto
y de esperar lo imprevisto;
este caer sin llegar
es la angustia de pensar
que puesto que muero existo.

II

Si en todas partes estás,
en el agua y en la tierra,
en el aire que me encierra
y en el incendio voraz;
y si a todas partes vas
conmigo en el pensamiento,
en el soplo de mi aliento
y en mi sangre confundida,
¿no serás, Muerte, en mi vida,
agua, fuego, polvo y viento?

III

Si tienes manos, que sean
de un tacto sutil y blando,
apenas sensible cuando
anestesiado me crean;
y que tus ojos me vean
sin mirarme, de tal suerte
que nada me desconcierte
ni tu vista ni tu roce,
para no sentir un goce
ni un dolor contigo, Muerte.

IV

Por caminos ignorados,
por hendiduras secretas,
por las misteriosas vetas
de troncos recién cortados,
te ven mis ojos cerrados
entrar en mi alcoba oscura
a convertir mi envoltura
opaca, febril, cambiante,
en materia de diamante
luminosa, eterna y pura.

V

No duermo para que al verte
llegar lenta y apagada,
para que al oír pausada
tu voz que silencios vierte,
para que al tocar la nada
que envuelve tu cuerpo yerto,
para que a tu olor desierto
pueda, sin sombra de sueño,
saber que de ti me adueño,
sentir que muero despierto.

VI

La aguja del instantero
recorrerá su cuadrante,
todo cabrá en un instante
del espacio verdadero
que, ancho, profundo y señero,
será elástico a tu paso
de modo que el tiempo cierto
prolongará nuestro abrazo
y será posible, acaso,
vivir después de haber muerto.

VII

En el roce, en el contacto,
en la inefable delicia
de la suprema caricia
que desemboca en el acto,
hay un misterioso pacto
del espasmo delirante
en que un cielo alucinante
y un infierno de agonía
se funden cuando eres mía
y soy tuyo en un instante.

VIII

¡Hasta en la ausencia estás viva!
Porque te encuentro en el hueco
de una forma y en el eco
de una nota fugitiva;
porque en mi propia saliva
fundes tu sabor sombrío,
y a cambio de lo que es mío
me dejas sólo el temor
de hallar hasta en el sabor
la presencia del vacío.

IX

Si te llevo en mí prendida
y te acaricio y escondo,
si te alimento en el fondo
de mi más secreta herida;
si mi muerte te da vida
y goce mi frenesí,
¡qué será, Muerte, de ti
cuando al salir yo del mundo,
deshecho el nudo profundo,
tengas que salir de mí?

X

En vano amenazas, Muerte,
cerrar la boca a mi herida
y poner fin a mi vida
con una palabra inerte.
¡Qué puedo pensar al verte,
si en mi angustia verdadera
tuve que violar la espera;
si en vista de tu tardanza
para llenar mi esperanza
no hay hora en que yo no muera!

Xavier Villaurrutia.