viernes, 21 de mayo de 2010

fragmentos, fragmentos

"El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como si tuviera palabras a guisa de dedos, o dedos en la punta de mis palabras. Mi lenguaje tiembla de deseo. La emoción proviene de un doble contacto : por una parte, toda una actividad discursiva viene a realzar discretamente, indirectamente, un significado único, que es "yo te deseo", y lo libera, lo alimenta, lo ramifica, lo hace estallar (el lenguaje goza tocándose a sí mismo)" [...] R. Barthes. "Fragmentos de un discurso amoroso".

jueves, 20 de mayo de 2010

un poco más sólo un poco... por la existencia, ánimo...

PERSIANA AMERICANA.
Yo te prefiero
fuera de foco
inalcanzable
Yo te prefiero
irreversible
casi intocable
Tus ropas caen lentamente
soy un espia, un espectador
y el ventilador desgarrandote
sé que te excita pensar hasta donde llegaré
Es difícil de creer
creo que nunca lo podré saber
sólo así yo te veré
a través de mi persiana americana
Es una condena agradable
el instante previoes como un desgaste
una necesidad
más que un deseo
Estamos al borde de la cornisa
casi a punto de caerno sientes miedo
sigues sonriendo
sé que te excita pensar hasta donde llegaré
Es difícil de creer
creo que nunca lo podré saber
sólo así yo te veré
a través de mi persiana americana
Tus ropas caen lentamente
soy un espia, un espectador
y el ventilador desgarrandote
sé que te excita pensar hasta donde llegaré
Es difícil de creer
creo que nunca lo podré saber
sólo así yo te veré
a través de mi persiana americana
Lo que pueda suceder
no gastes fuerzas para comprender
sólo así yo te veré
a través de mi persiana americana

miércoles, 19 de mayo de 2010

Qué matrimonio sacralizado.

Qué matrimonio sacralizado:
en el sillón yacen Bataille y Sor Juana.

Él con una corbata
con los ojos muy abiertos.

Y ella con la fuerza de un volcán
que nubla la vista
con las cenizas de sus palabras.

Él tan místico
ella tan letrada.

Ella tan mística
él tan letrado.

¡Qué matrimonio violento!

¡Qué espesura de amores!

¡Qué tiniebla sin sabores!

Transgresión clama él;
tentación marca fiel.

Amor ella escribe,
celos que matan,
celos que despedazan.

Por fin llegó el juez
para unirlos en matrimonio.

Se llama la muerte.

la poesía criminal de Bataille

Cita le di a Limbour
en los Campos Elíseos
para hablar del cielo

Le dije
que el cielo es un gato

un tercero dijo
el cielo son dos gatos

otro dijo
el cielo es una lengua
más gorda que una ballena.

Bataille.

F.E.

viernes, 14 de mayo de 2010

a la memoria del "Café de nadie"

Que nadie más muera.

Hace unos meses fuí, pensando que aún lo encontraría y ya no.

Ayer me enteré que el enigmático señor de cabello largo que le gustaban los perros y además que preparaba un par de tés mágicos... murió.

Que grandes momentos...amigos, amores, la vida...la muerte.

Del que me rompió los ojos...

¡QUÉ LÁSTIMA!

Al poeta Alberto López Argüello,
Un amigo, tan buen amigo siempre,
baje o suba la rueda.

¡Qué lástima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!
¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas a las glorias de la patria!
¡Qué lástima
que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que
pasa desde una tierra a otra tierra, desde una raza
a otra raza,
como pasan
esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.
¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada:
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña. Después... ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada y el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla.
¡Qué lástima
que yo no tenga un abuelo que ganara
una batalla,
retratado con una mano cruzada
en el pecho, y la otra mano en el puño de la espada!
Y, ¡qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!
Porque... ¿qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!

Sin embargo... en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa
en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
en una sala
muy amplia
y muy blanca
que está en la parte más baja
y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara
esta sala
tan amplia
y tan blanca...
Una luz muy clara
que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana
vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
la gente al través de la ventana.
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por esos cristales pasa
cuando pasan
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga
de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Qué gracia
tiene su cara
en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa...
Ella, me llama
¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa
por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de muy mala gana,
ni se para
en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala,
muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.
Y en una tarde muy clara,
por esta calle tan ancha,
al través de la ventana,
vi cómo se la llevaban
en una caja muy blanca...
En una caja
muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara lo mismo que cuando estaba pegadita
al cristal de mi ventana...
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja
tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por este cristal de mi ventana...
¡Y la muerte también pasa!
¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa...
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!

León Felipe.

Cuando la vida no alcanza está la poesía...

CORAZÓN MÍO.

Corazón mío...
¡Qué abandonado te encuentro!...
Corazón mío...
estás lo mismo que aquellos
palacios deshabitados
y llenos de misteriosos silencios...
Corazón mío,
palacio viejo,
palacio desmantelado,
palacio desierto,
palacio mudo
y lleno de misteriosos silencios...
Ni una golondrina ya
llega a buscar tus aleros...
y hacen su cobijo sólo
en tus huecos los murciélagos.

León Felipe.

jueves, 13 de mayo de 2010

domingo, 2 de mayo de 2010

imagen

en la superficie:

dos botellas vacías de cerveza

un cenicero con un cigarro consumado

un sobre de polvo saborizante para hacer agua de manzana

un cartera con poco dinero

pastillas para las agruras

cerillos

un disco de ópera

un encendedor

dos pequeñas bocinas

una crema para eliminar la grasa facial

una liga para el cabello

un borrador (en Perú le dicen mota)

algunas hojas