viernes, 20 de agosto de 2010
viernes, 6 de agosto de 2010
nadie lo merecía aunque todos se lo merecían, sin embargo, no fue un merecido
"[...] algo de este estilo no se puede confirmar porque no tiene explicación, esta es la verdad, y entonces comienzas a pensar qué significa realmente exigir una explicación a algo como lo que está sucediendo. O una explicación a todo, vayamos realmente a las explicaciones: ella, él, tú, y ese tiovivo de subterfugios, de aplazamientos, de líos que fue aquella historia. Y entonces empiezas a repartir responsabilidades morales, que es lo peor, porque eso no lleva a nada, hace tiempo que lo sabes, la vida no se mide con un metro ético: acontece. Pero él no se lo merecía. Eso también es cierto. Y tú sabías que ella sabía que él no lo merecía, pero no te importó. Sí, pero porque tú nunca habías merecido quedarte con ella, la habías conocido después, mucho después de todo, también esto es cierto, cuando la suerte ya está echada. Pero ¿en qué juego? La vida no tiene plazos, no posee un croupier que levanta la mano y advierte que la suerte está echada, todo corre y nada está inmóvil, por qué evitarnos si nos hemos encontrado, si el auténtico juego así lo ha querido; los mismos gustos [...] Salgamos de aquí, de esta melancolía, busquemos una ciudad blanca hecha de mármol o flor de agua, busquémosla juntos, una ciudad así u otra similar, no importa dónde, en qué lugar, fuera del mundo. No puedo. Puedes, basta con desearlo. Por favor, no me obligues. Te enviaré un mensaje, yo me voy, ya me he ido, no aguanto más, si quieres me encontrarás, compra este periódico, será la señal, te dirá dónde encontrarme, déjalo todo, no lo sabrá nadie." (A. Tabucchi, Any where out of the world.)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)